12. La población española: La evolución de la población española desde 1900.

Rasgos básicos de la distribución espacial de la población.


La demografía es la ciencia que estudia la población y su relación con el territorio. Es una rama de la geografía humana y tiene gran utilidad pues sirve para comprender los fenómenos geográficos y prever tendencias futuras. Con la llegada del siglo XX se inicia el Nuevo Régimen demográfico en España. En la primera mitad hay altas tasas de crecimiento pues la mortalidad bajo bruscamente y la natalidad conituo alta. En la segunda mitad, tras el baby bomm y los grandes emigraciones, el proceso de envejecimiento de la población española es evidente, con la característica que de ser un país emigrante pasamos a otro inmigrante. En la actualidad alguanas tendencias demográficas están cambiando debido a la crisis. En cuanto a la distribución de la población, a partir del siglo XVIII cambio la tendencia de la distribución despoblandose en el interior y el mundo rural y poblándose la periferia y el mundo urbano, fenómeno que continua en la actualidad.

I. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA

Hasta 1857 no hay fuentes estadísticas fiables por lo tanto no tenemos datos concretos. A nivel general la población se caracterizaba por unas altas tasas de natalidad y mortalidad, escaso crecimiento vegetativo y dientes de sierra en ese crecimiento, pues a esta de crecimiento le seguían otras donde se perdía población, sobre todo en la edad media y en el siglo XVII con las tres gracias (guerra, hambrunas y peste). El primer censo es de 1857 y hasta 1900 la población crece sólo en tres millones, lo que indica un crecimiento débil, pues tanto las tasas de natalidad como de mortalidad son altas. Diferenciamos dos etapas en la evolución de la población española, la preestadística yla estadística que difieren en el ritmo y la intensidad de crecimiento, así como en la cantidad ycalidad de las fuentes de información. Para estudiar el siglo XX y lo que llevamos de XXI vamos a dividir en dos peridos; la primera mitad del siglo y el resto, dividiendo a su vez en tres periodos esta segunda etapa.

España más que duplica su población entre 1900 y 1980, y mantiene un ritmo de crecimiento de la población bastante alto en torno al S.20. Desaparecen las oscilaciones del 19. Lo más significativo es la última mitad del S.20. Demuestra que en España no se hizo la transición demográfica en el 19, sino que ese cambio se realiza a trancas y barrancas, y se culmina en el S.20. En el 1900 las tasas daban una esperanza de vida al nacer muy baja (demografía tradicional) y unas altas tasas de natalidad. En 1980 se dan pautas demográficas muy diferentes. Se ha más que duplicado la esperanza de vida y ha bajado mucho la tasa natalidad, eso es debido a que se completó el grado de desarrollo y modernización. Habría que recordar las causas de la bajada de la mortalidad y la natalidad.

EL RÉGIMEN DEMOGRÁFICO ANTIGUO (hasta principios del s. XX) se caracteriza por tasas de natalidad (>30 ‰) y mortalidad (>25‰) altas y oscilantes, en consecuencia el crecimiento natural es bajo y está a veces salpicado de retrocesos cuando se dispara la mortalidad catastrófica a causa de epidemias, guerras o, hambre provocado por malas cosechas de cereales que originaban la subida del precio del grano.
    o Las causas que explican las altas y oscilantes tasas de natalidad son el predominio de una economía y sociedad rural en la que los hijos eran mano de obra que ayudaban
en el trabajo del campo, y la inexistencia de sistemas eficaces de controlar la natalidad. No obstante la natalidad podía hundirse en momentos de guerra y hambre, que no sólo causaban sobremortalidad sino subnatalidad.
    o Las causas que explican las altas y oscilantes tasas de mortalidad son el bajo nivel de vida responsable a su vez de una alimentación inadecuada que hace al cuerpo menos resistente a la enfermedad y a la muerte; las precarias condiciones médicas y sanitarias; la falta de higiene tanto privada como pública (tardío establecimiento del agua potable, alcantarillado y recogida de basuras).

I.1.- Primera mitad del siglo XX (1900-1950)

Se caracteriza por un alto ritmo de crecimiento, ganándose más de nueve millones de personas. Esto se explica por situarse en la primea fase de la transición demográfica, donde la mortalidad baja significativamente y la natalidad sigue alta. Se acaba el viejo régimen demográfico y empieza el nuevo. En esta primera fase hay un gran crecimiento. Como el desarrollo económico es lo suficiente para que mejoren las condiciones sanitarias, higiénicas y alimenticias pero no lo bastante como para que baje la natalidad el crecimiento de la población es fuerte, aunque estuviera salpicado de crisis demográficas como la guerra del norte de África, la gripe de 1918, la Guerra Civil o la emigración a Iberomamércia, Argelia o Francia.

La primera Guerra Mundial 1914-1919  va a marcar la trayectoria demográfica en España, porque los cambios económicos provocaron cambios en la demografía. La coyuntura de la 1ª Guerra Mundial significa más demanda interior para algunos productos y más demanda exterior para otras.  Los bajos salarios y el aumento del coste de la vida, fuerzan el abandono del campo. Muchos se van a la ciudad. Las ciudades absorben parte de ese excedente campesino, y el resto tiene que salir al extranjero; la salida al extranjero se orientó en ese momento hacia Francia. Se están produciendo en la Guerra Mundial cambios que afectan a aspectos esenciales. Estos cambios, que comienzan durante la 1ª Guerra Mundial, se prolongan después del conflicto. A partir de ahí se rompe el equilibrio tradicional entre el campo y la ciudad. En 1910, la población española netamente rural (la que habita núcleos de menos de 5.000 habitantes). Eran el 47'7 % de la población española. En 1920 eran el 43'3 %. En 1970 eran el 22'3. Ese éxodo rural se dirige a las ciudades y al exterior, a Francia fundamentalmente. La salida de la población del campo a la ciudad va a influir en la dinámica natural de la población, porque en la ciudad se nace menos y se muere menos. Desde la 1ª Guerra Mundial comienza la caída de la natalidad y de la mortalidad.

I.2.- Segunda mitad del siglo XX

En la segunda mitad asistimos a la última fase de la transición demográfica y a la llegada del actual régimen demográfico que se caracteriza por bajas tasas de crecimiento vegetativo, pero por unas tasas de natalidad y mortalidad baja. Distinguiremos a su vez tres etapas. De los cincuenta a los 70, de los 80 hasta el 2007 y desde ahí a la actualidad.

I.2.1.- Desde los cincuenta a los setenta

 

Asistimos a la última fase de la transición demográfica y a la época donde más ha crecido la población. La mortalidad sigue bajando debido a las mejores condiciones de vida y la natalidad sigue alta, ya que aunque se produce un desarrollo económico grande, no es lo suficiente como para que baje la natalidad. Se da el conocido baby-boom del desarrollismo español, que se explica por la mejora de la economía tras la autarquía y la llegada de la modernización absoluta. Coincide con la tercera revolución industrial en España y el fin de nuestro aislamiento internacional, ya que en 1953 firmamos el pacto con los americanos y en 1959 se produce el plan de estabilización, lo que se combina también con una política pronatalista.  Hay que insistir en que en el período 1.956- 65, cuando tuvo lugar lo que algunos autores han denominado“ el baby boom posbélico retrasado”, debido al cambio de política económica y a la ruptura del bloqueo internacional, que permitieron la recuperación de la economía y de la natalidad. Pero el crecimiento vegetativo fue en esta fase más alto que el real, pues la emigración a Europa occidental resto efectivos poblacionales.

1.2.2.- Desde 1975 a 2007
Entramos en el Nuevo Régimen demográfico caracterizado por el crecimiento vegetativo escaso, ya que tanto la mortalidad como la natalidad han bajado mucho. Es decir, igual que en Europa pero con unas décadas de retraso. Desde 1975 se produce un fortísima bajada en la tasa de natalidad, que llega a ser, en los 90, de las menores de Europa y hace que la tasa de hijos por mujer quede lejos del nivel de reemplazo generacional. La natalidad desciende bruscamente a partir de 1.975, la tasa actual de natalidad es muy baja (9,47‰ en 1.999 y 10,5‰ en el 2.009). En 1981 la tasa de reemplazamiento o índice sintético de fecundidad fue de 2,1 hijos por mujer, desde entonces ha descendido a 1,3 en 2009, lo que supone que cada pareja no es sustituida por otra, no se cubre el relevo generacional. Las causas que explican esta drástica reducción de la natalidad son diversas: la crisis económica de 1.975, la incorporación de la mujer al trabajo, la despenalización y difusión de los anticonceptivos, la disminución de la influencia religiosa, el aumento del nivel de vida y cultural, pasando la familia de unidad de trabajo a unidad de conumo, el cambio de mentalidad de la sociedad española, que cada vez valora más el bienestar individual y el diferente significado económico de los hijos (fuerte coste en la educación y mantenimiento en vez de aportar trabajo como en las antiguas sociedades rurales y el sostén en la vejez no depende de la descendencia sino del estado a través de las pensiones...

La mortalidad se mantiene en limites bajos, lo que no impide que el durante los 90 el crecimiento vegetativo en algunos años sea negativo. La mortalidad se mantiene en tasas bajas y oscilantes (8,2‰ en el 2009), y desde 1.981 ha aumentado ligeramente debido al envejecimiento de la población. Las causas de la mortalidad general han cambiado: disminuye la importancia de las enfermedades infecciosas y aumentan las llamadas “tres c” (enfermedades cardiovasculares, cáncer y accidentes de carretera) además está creciendo la incidencia del sida y del Alzheimer o demencia senil.

En 1999 la TCN llegó a ser de 0,9‰, muy próxima al crecimiento 0, pero a partir de entonces se ha recuperado por el efecto que la inmigración de extranjeros ha tenido en el rejuvenecimiento de la población española, contribuyendo a aumentar la tasa natalidad y disminuir la tasa de mortalidad.
Los fenómenos migratorios, retorno de emigrantes a finales de los 70 y primeros 80, y comienzo de la inmigración conforme avanza la década de los 90, hace que haya un crecimiento global de la población, si bien que a niveles mucho más moderados que en las etapas precedentes. La primera década del siglo XXI es la de más importante crecimiento poblacional de toda nuestra historia. Estará marcada por los fenómenos migratorios El crecimiento vegetativo siguió siendo escaso, si bien se frena, y revierte levemente, la tendencia a la baja de la tasa de natalidad, especialmente por el diferente comportamiento natalicio de las mujeres inmigrantes. Pero lo decisivo, con mucha diferencia, es la llegada de inmigrantes que desde finales del siglo recién cumplido han ido llegando y que en estos años (hasta 2008) van a venir a un ritmo trepidante ocupando nichos del mercado laboral con especiales dificultades debido a sus bajos salarios, duras condiciones de vida o estigmatización. Inmigración que llega, sobre todo de África, América Latina, y Europa del este. Es decir, pasamos de ser un país emigrante a otro inmigrante

I.2.3.- Desde 2007 hasta la actualidad

Desde 2008, debido a la crisis, los comportamientos demográficos vuelve a variar. Y el crecimiento poblacional se atenua. La inmigración se reduce, mientras que comienza un rebrote de la emigración (tanto de retornos de inmigrantes, como de una nueva emigración de jóvenes españoles). Por otra parte la tasa de natalidad de las inmigrantes comienza un proceso, no concluido, de acercamiento a la de las españolas. Por otra parte, la crisis hace que vuelva a descender la natalidad, fenómeno que había tocado techo y apuntaba en los primeros años del siglo XXI a cierto repunte.

Perspectivas de futuro.
El crecimiento vegetativo, salvo catástrofe, parece que se mantendrá a niveles bajos. Solo una profunda debacle económica-social o situaciones extraordinarias podrían propiciar una elevación sustancial de la mortalidad. Por lo que está tasa se mantendrá baja o aumentará levemente debido a que se parte de una población más envejecida. Por parte de la tasa de natalidad también es previsible el mantenimiento a niveles bajos, pues si bien tras la acusada bajada que culmina en los 90 se observaba un repunte muy tenue, el mismo se encuentra con dos factores que parece incidir en que no subirá de manera notable: la crisis económica y el progresivo acomodamiento de la mayor parte de los contingentes de inmigrantes a comportamientos natalicios parecidos a los autóctonos.
Los movimientos migratorios, siempre tan sensibles a los ciclos económicos, son toda una incertidumbre. La realidad del paro provocado por la Crisis económica (que afecta de manera sobresaliente a un mercado laboral muy dependiente de las fluctuaciones económicas internacionales y mucho más sensible a dichos vaivenes que el de otros países europeos) hace que se haya frenado la recepción de inmigrantes, mientras que se multiplican los retornos y una modesta, por ahora (2012), salida de autóctonos, en muchos casos con fuerte bagaje académico. No parece pues previsible a corto que el saldo migratorio origine un gran incremento de la población.

Conclusiones
Durante el siglo XX se ha completado la transición demográfica, siendo el momento culminante de la misma los años 60. Es decir con cierto retraso, respecto a los países de “nuestro entorno”, Este “retraso” ha venido acompañado por situarnos en una posición extrema en valores como la tasa de natalidad (de las más bajas de Europa) o la esperanza de vida (de las más altas). En los movimientos migratorios desde y hacía el exterior se han dado situaciones muy diferentes: De fuerte emigración (primer tercio del siglo XX y 1960-73), periodos sin grandes alteraciones (tras las crísis de 1919 y 1973) y un, desconocido en la historia contemporánea española, proceso inmigratorio fortísimo en  la transición de un milenio a otro. España se moderniza demográficamente tarde, pero nada más hacerse, asistimos a un envejecimiento prematuro de la población española. Por eso tenemos las más bajas tasa de mortalidad y natalidad del mundo occidental, por eso retraso en la transición demográfica.

II. Rasgos básicos de la distribución espacial de la población.
A nivel general podemos establer varías caracteríticas generales en la distribución de la población española. Aumento generalizado de la densidad de población. Contraste entre un litoral fuertemente poblado y un interior semivacío. Concentración en áreas urbanas frente al despoblamiento de las zonas rurales  Fenómenos más recientes (últimos 20 años) respecto al incremento de la densidad: a) En las zonas aledañas a las metrópolis mayores, por el “desbordamiento” de las mismas tanto en los aspectos productivos como habitacionales, que no siempre van unidos. b) Los dos ámbitos más dinámicos son Madrid y alrededores y la costa mediterránea y las islas.

II.1. Densidad.


II.1.1.- Concepto. La densidad de población nos permite comparar territorios con diferente extensión y se halla al poner en relación el número de habitantes de una zona con la superficie de la misma, se suele expresar en Habitantes/Km2. . En 2011 la densidad media española es algo superior a 90 h/km2 , que sigue siendo una de las más bajas de la Unión Europea.” Esta media engloba realidades muy diferentes, En 2001 casi el 80% de la población se agrupa en apenas un 10% del total de los municipios, cifra que equivale al 19% de la superficie de España. En cambio en 1900 cerca del 80% de la población se concentraba en el 28% de los municipios .
Periferia llena frente a semivacio interior.
Según los datos de 2008 todas las provincias costeras superaban los 50 h/km2, excepto Lugo y Huelva. En el interior solo 8 (Córdoba Sevilla, Madrid, Valladolid, La Rioja, Navarra, Zaragoza y Álava) estaban por encima. De las 16 provincias con más de 100 h/km2 solo Madrid y Sevilla son interiores. Observamos pues la concentración en el litoral frente a semivacio interior.
En cuanto a la periferia desde los años 80 se observa que las provincias mediterráneas y las islas tienen un nivel de crecimiento mayor que la costa contabrico-atlántica. En el interior de la Península hay numerosos municipios por debajo de los 10 habitantes /km2. No obstante en el interior aparecen algunas áreas con municipios de elevadas densidades como Madrid y  su entorno, los ejes del Ebro y del Guadalquivir, 

II.1.2.- Factores explicativos.
Indudablemente factores como el clima (más duro en el interior) y sobre todo las zonas montañosas influyen en la distribución de la población pero son los factores socioeconómicos los que más influyen al tratar de provincias con un relieve diverso. Especialmente clima y altitud. Un clima extremo no facilita la habitabilidad ni el desarrollo de actividades económicas. Hasta el siglo XVIII debido a la orientación agraria del país el interior estaba más poblado, a partir de ahí cambia la tendencia, la industria y los servicios son más importantes y el peso poblacional se desplaza a la costa. A partir de los sesenta la modernización definitiva consolidó esta tendencia a la urbanización y a la concentración en la periferia con las excepciones de Madrid y los valles del Ebro y del Guadalquivir. Factores demográficos. Son la dinámica natural y la estructura de las diferentes poblaciones. Este factor consolida el contraste interior-litoral. El interior tiene menor crecimiento natural y una estructura de población envejecida, frente a un litoral depoblación más joven..

II.2. Contrastes poblacionales

II.2.1.- Costa – Interior
Desde la edad moderna se observa un vacío del interior al consolidarse el transporte marítimo como el gran medio para el intercambio de mercancías. La industria, actividad decisiva en la revolución demográfica de la Edad Contemporánea se asentara en la costa. Y lo mismo pasará con otro sector económico fundamental desde fines mitad del XX, el turismo que se asienta sobre todo en el litoral mediterráneo y las islas. La excepción de Madrid se explica por su capitalidad desde finales del XVI y que ha ido cobrando cada vez más importancia, convirtiéndose durante el franquismo en la provincia más poblada de España. La concentración de la actividad económica en País Vasco, Cataluña, Madrid, Valencia explica que hayan sido focos de inmigración. Mientras que la emigración histórica a estas zonas y al exterior procedía de las zonas que se despoblaron.
II.2.2.- Población rural y población urbana.

En España 2009 contaba con unos 8.100 municipios, de ellos casi 7400 municipios tenían menos de 10.000 habitantes, en su conjunto ocupando más de 4/5 (404.000 km2) de la superficie total del estado español, representaban menos de a un 1/5 (8,4 millones) de la población. Las ciudades de más de 100.000 hab. no llegan al 3% del territorio (13.900 Km2) , pero concentran al 40% (18,7 millones). El poder de atracción de la ciudad durante el S. XX se basa en la posibilidad de empleo, mejores servicios y comunicaciones, mayor amplitud vital. A medida que nos alejamos de las ciudades grandes y medias, se observa un decrecimiento progresivo de las densidades de población. Las aureolas en torno a las áreas urbanas tienen un radio más amplio  cuanto mayor es la ciudad que la origina. El caso más claro es el de Madrid cuya área metropolitana se extiende no solo por su provincia, sino también por el norte de Toledo y el oeste de Guadalajara. Las áreas urbanas crecen más rápidamente que las rurales. Sin embargo los territorios más dinámicos son las periferias urbanas y no el centro de las ciudades que aumentan de forma lenta o incluso pierden población.
La profunda transformación de la sociedad española en que la actividad agraria ha pasado de ocupar a dos tercio de la población a algo menos el 5% durante el siglo XX ha tenido su correlato en el “éxodo rural” por el que la población se ha desplazado y concentrado en torno a los focos de la industria y los servicios. Junto a la actividad económica, un factor muy importante en la distribución de la población en cada provincia ha sido la capitalidad administrativa. En 1833 Javier de Burgos establece la división provincial (que con escasas alteraciones ha llegado a nuestros días) con sus capitales de provincia, siendo desde entonces focos de atracción.
II.2.3.- Llanuras y montañas.
Las áreas llanas presentan mayores densidades que las montañosas. Así por ejemplo, el Pirineo, el Sistema Ibérico o Sierra Morena destacan como grandes vacíos demográficos. Ello se debe no solo a que las áreas de montaña han estado tradicionalmente menos poblada por no tener aptitud para las actividades tradicionales, sino también a que resultaron más afectadas por el éxodo rural. Las áreas montañosas tienen una dinámica demográfica más negativa que las áreas llanas, aunque existen algunas excepciones, generalmente por efecto del turismo.
II.2.4.- Norte y Sur en el interior.

Dentro del interior penínsular, las densidades de población son más bajas en la mitad norte que en la mitad sur. En el norte existen un gran número de pueblos y municipios de pequeño tamaño, herencia del proceso de colonización y repoblación medieval. Sin embargo en el sur, el tamaño de los municipios es mayor, lo que ayuda a explicar una gran resistencia al despoblamiento, ya que ofrecen más cantidad de servicios y mayor calidad de vida, por eso son capaces de retener población joven y registran una dinámica demográfica positiva. Hay pues, un fuerte contraste entre los municipios rurales de Castilla La Mancha y Andalucía, grandes y dinámicos, y los de Castilla y León, el interior de Galicia o Aragón, pequeños y con constantes pérdidas de población. Estos contrastes también tienden a reproducirse en la costa. La franja litoral cantábrica es mucho menos dinámica que la mediterránea y además cuenta con municipios de menor tamaño.

II.2.5.- Ejes de transporte y espacios intermedios.
Los principales ejes de transporte (autovías, autopistas) suelen coincidir con las áreas más dinámicas .Por un lado las grandes infraestructuras tienden a seguir las áreas más densamente pobladas y a la vez actúan como dinamizadoras de esos espacios, favoreciendo su desarrollo. En cambio, en los espacios no atravesados por estos ejes las densidades son habitualmente menores

 

 

 

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