El conflicto sucesorio

El reinado de Fernando VII representa la lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre el antiguo y nuevo régimen. Se divide en tres etapas; el sexenio absolutista, el trienio liberal y la década ominosa. Los últimos años de su reinado reflejan ese péndulo y como las casualidades influyen de una manera decisiva en la historia. En la última etapa de su reinado se había hecho fuerte la tendencia absolutista, agrupados en la regencia de Urgell, cuyo líder era su hermano y sucesor Carlos María de Isidro. Pero en 1829 su mujer queda embarazada y en 1830 nace la futura reina Isabel II. El proceso fue muy dificultoso. Según la ley sálica, que había promulgado Felipe V, en España no podían hacerse con la corona las mujeres, esta ley sálica había sido abolida por la Constitución del 12, pero a su vez, estamos en una etapa donde domina el absolutismo y la Constitución del 12 está derogada. En estas circunstancias Fernando VII promulga la pragmática sanción, por la que se elimina la ley Sálica para que pueda ser reina su hija. En 1832, estando Fernando VII en la Granja, enfermó repentinamente, sucediéndole varios ataques de gota. En este contexto, la reina y el válido Calomarde, convencieron al rey para que firmara un decreto por el que se abolía la pragmática sanción, ello ocurría el 18 de Septiembre de 1832. Pero enterada la hermana de Fernando VII, la infanta Luisa Carlota, de lo sucedido, se presentó en menos de 48 horas en la Granja, desde Sevilla. Luisa Carlota la lió en la granja y convenció a su hermano de que derogase la derogación de la pragmática sanción. Es muy famosa que en una discusión con Calomarde, primer ministro, la infanta Luisa Carlota, que se las traía, le dio dos bofetadas a Calomarde, y este le respondió con la famosa frase. "manos blancas no ofenden". Ofender no sé, pero Calomarde y su camarilla fueron destituidos. Como el hermano de Fernando VII  Carlos María de Isidro no aceptase esos cambios, el rey lo manda al exilio. Cuando muera Fernando VII en 1833 se van a iniciar las guerras carlistas, unas guerras que toman como pretexto el conflicto sucesorio, pero que están poniendo en juego la consolidación del viejo o nuevo régimen. La victoria de los partidarios de la regente María Cristina va a significar la consolidación del liberalismo con Isabel II.