FERNANDO VII
A este rey empezaron llamándole "el deseado", después el rey "felón", para terminar con el mote de "Tigrekan", nombre puesto por los liberales que querían indicar que su despotismo era parecido al de los sátrapas asiáticos.
De Fernando VII se
cuentan muchas anécdotas que denotan su catadura moral y su personalidad. Una
vez un cortesano le pidió que le diera un empleo y "el deseado" le
ofreció hacerlo canónigo de la catedral d
el
Murcia. El cortesano le dijo que era imposible, porque estaba casado y tenía
ochos hijos. El rey le contestó: "¡Bah! si te andas con estos
escrúpulos, nunca encontrarás empleo". Recuerda esta anécdota a un
reciente alcalde de Conil de la Frontera, que cuando un arquitecto le dijo que
era imposible subir el agua a una urbanización porque existía la ley de la
gravedad, le dijo que no se preocupara, que era muy amigo de Alfonso Guerra y
ese cambiaba la ley de la gravedad. Cuando Fernando VII, "el deseado"
volvió de Bayona, los nobles y el clero, sobre todo este a través de los
altavoces que suponían los púlpitos, convencieron al pueblo para que pidiera
el absolutismo, de ahí sale la famosa frase que el pueblo gritaba "Vivan
las caenas". En 1820 tras el pronunciamiento de Riego se restituye "la
pepa", pero en 1823, tras los cien mil hijos de San Luis, vuelve el
absolutismo. Ya hemos dicho que el reinado de Fernando VII representa la lucha
entre el antiguo y nuevo régimen, aunque predominó el primero y los liberales
a través del ejercito se dedicaron a dar pronunciamientos militares. En 1827,
el gobierno de Calomarde - el que dijo la famosa frase de manos blancas no
ofenden- reprimió duramente una de las muchas conspiraciones liberales. Hubo
varios ajusticiamientos, entonces los liberales tomaron la decisión de dejarse
el bigote para protestar contra la represión. El gobierno dispuso detener a
todos los jóvenes que llevasen bigote. El jefe de policía, señor Zorrilla
-padre del autor de don Juan Tenorio- detuvo al escritor Ventura de la Vega y lo
llevó a una barbería para que le afeitasen el bigote. El problema vino cuando,
afeitado el joven escritor, se negó a pagar al barbero, alegando que lo habían
obligado por la fuerza a quitárselo y que lo pagase el señor Zorrilla. He
investigado y no he conseguido averiguar quien pago el afeitado del bigote de
Ventura de la Vega.