LAS GUERRAS CARLISTAS

En las guerras carlistas, como guerra civil y como pasará en 1936, no había clemencia para los prisioneros. Eran fusilados inmediatamente, sin previo juicio, tanto del lado de los cristinos como de los carlistas. Cuenta Luis Carandell en su libro las anécdotas de la política que..." Zumalacárrregui ganó una batalla al conde de Viamanuel y le hizo prisionero. Ambos generales, no sólo habían sido compañeros en el mismo regimiento cuando eran jóvenes ficiales sino que eran parientes. Zumalacárregui acogió con grandes muestras de afecto y hospitalidad al general crisitino, invitándole a comer con él en su tienda. Mandó un correo a don Carlos pidiéndole el indulto para su prisionero pero el pretendiente le respondió que los cirstinos acababan de fusilar al coronel carlista Díaz y su muerte no podía quedar impune. Zulmalacárrregui palideció al leer la orden y lo comunicó a su prisionero, con grandes muestras de disgusto. Viamanuel le dijo: "- No se aflija, general. Mi fusilamiento está muy puesto en razón". Dicen que el general carlista se alejó galopando a caballo para no escuchar los disparos que mataron al general cristino.

   En 1834 el general Espoz y Mina, otro famoso guerrillero de las guerras de guerrillas de la guerra de la independencia, fue en el contexto de las guerras carlistas al cabildo de la catedral de Pamplona, reunió a todos los canónigos y les dijo que venía a satisfacer un viejo deseo de ellos. Resulta que estos eran fervientes partidarios de los carlistas y habían ofrecido cuatro mil duros por su cabeza. Así que les pidió los cuatro mil duros, señalando a su cabeza les dijo "Aquí la tenéis". Los canónigos pagaron religiosamente y Espoz y Mina utilizó ese dinero para ayudar a sostener la guerra.