Isabel II y Salmerón

La destronada reina Isabel II vivía en París y necesitaba los servicios de un buen abogado. Pensó en los servicios de Salmerón, que vivía exiliado en la ciudad del Sena y había sido uno de los cuatro presidentes de la República. Al ser recibido por la ex reina Salmerón le dijo: "Señora, soy republicano, no seré, pues, el abogado de una reina, sino que tendré una clienta española" Isabel II le contestó " El que sea usted o no republicano, es cosa que le atañe a usted y no a mí; yo he llamado al abogado más eminente y al hombre más honrado de España". Salmerón llevó a cabo el pleito, lo ganó y no quiso cobrar minuta alguna. Al enterarse de ello Isabel II, le envió un retrato suyo con marco de palta en el que estaban engarzadas perlas y piedras preciosas. Salmerón se quedó con el retrato y devolvió el marco con una carta de agradecimiento. Poco después la reina tuvo que contratar a otro abogado; Don Manuel Cortina. Este también le solucionó el caso y como minuta le pidió un retrato suyo, pero, acordándose de lo sucedido con Salmerón, sin joyas. A los pocos días, don Manuel Cortina recibía un retrato de  Isabel II con  una expresiva dedicatoria que terminaba: "... y como ves, sin joyas". Y, efectivamente, en el retrato aparecía la reina sin brazaletes, collares, anillos, ni pendientes, absolutamente sin ninguna joya. (Carlos Fisas)