VENCERÉIS POR QUE TENÉIS LA FUERZA, PERO NO CONVENCERÉIS PORQUE NO TENÉIS LA RAZÓN
La Guerra Civil había estallado el 17 de Julio de 1936. El 12 de Octubre se celebraba en el panarinfo de la Universidad de Salamanca el Día de la Raza, aniversario del descubrimiento de América. Millán Astray, como siempre, había acudido escoltado por sus legionarios armados con metralletas. Los oradores empezaron a hablar soltando improperios sobre lo que ellos denominaban "antiEspaña". Unamuno, que no tenía intención de hablar, tomó la palabra y dijo:
"Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces, Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (...) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis..."
En ese punto, Millán Astray empezó a gritar: "?Puedo hablar? ?Puedo hablar?" Su escolta presento armas y alguien del publico grito: "!Viva la muerte!" Entonces Millán grito: "!Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos canceres en el cuerpo de la nación! !El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!" Se excito sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando se cuadro mientras se oían gritos de "!Viva España!". Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno. "Acabo de oír el grito necrófilo de "!Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "!Muera la vida!". Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. ... !Y otra cosa! El general Millán Astray es un invalido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un invalido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá mas si Dios no nos ayuda... Furioso, Millán grito: "!Muera la inteligencia!" A lo que el poeta José María Pemán exclamó: "!No! !Viva la inteligencia! !Mueran los malos intelectuales!" Unamuno no se amilanó y concluyó: "!Este es el templo de la inteligencia! !Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en el lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España". Millán se controló lo suficiente como para, señalando a la esposa de Franco, ordenarle: "!Coja el brazo de la señora!", cosa que Unamuno hizo, evitando así que el incidente acabara en tragedia.