AMADEO DE SABOYA
Después de la gloriosa, el problema para Prim y Serrano, el general bonito, era encontrar un rey. Hubo un pleno en el Congreso lo más de acalorado y divertido. Un diputado le dice a Prim "Buscad un rey y encontradle" a lo que el general le responde. "La práctica, que es el gran libro de la enseñanza para la humanidad, me ha hecho conocer lo difícil que es hacer un rey..." La minoría republicana se destornillaba aplaudiendo en sus asientos y, sobre todo Castelar. Prim cuando pasó la tormenta retomó la palabra y prosiguió: "Indudablemente es difícil hacer un rey, pero el señor Castelar, que me ha aplaudido y yo se lo agradezco, no ha tenido presente que más difícil es hacer una república en un país en que no hay republicanos. Por aquellos días los periódicos publicaban chistes sobre el tema, apareciendo el general Serrano, como regente, subastando un rey. "Ocho pesetas a la una, ocho pesetas a las dos...". En otros letreros se decía: "Se colocan reyes", "se colocan majestades con todos sus atributos" o "se alquila un trono". El 3 de noviembre Prim anunció que el rey de España sería don Amadeo de Saboya. El día que llegaba Amadeo Prim salió del Congreso para ir a Cartagena a recibirlo, pero en la calle del Turco explotó una bomba en el coche de Prim y con ella el general. Amadeo se quedaba sin su principal mentor.
Cuenta Carandell, que es el que estamos siguiendo en esta anécdota, que estando en un pleno ya con Amadeo de Saboya en el poder, el escritor Juan Varela se encontraba en el uso de la palabra y en un momento dado pronunció el nombre de Shakespeare, pronunciado como se escribe, la carcajada fue general en el hemiciclo. Juan Varela dijo " Perdón, señores; creí que no sabían inglés" y prosiguió el resto del discurso en inglés quedándose los diputados a dos velas. Esta anécdota se la atribuyen a muchos, pero parece que hay que fiarse de Carandell pues sus fuentes son las actas del Congreso.
Amadeo se cansó pronto de los líos de los españoles, pues no había manera de ponernos de acuerdo. Así que renunció a la corona. Las cortes la aceptaron y don Emilio Castelar pronunció su famoso epitafio: "Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional, con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática. Nadie ha acabado con ella; ha muerto por sí misma. Nadie trae la República; la trae una conspiración de la sociedad, de la Naturaleza, de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta."